¡Mierda! No había Raimat, ella me lo había pedido y la estantería del
comercio estaba vacia. Mire la hora, eran y cuarto y habíamos quedado
a la una y media, opte por un albariño... Martín Codax(que buenos
recuerdos) y salí echando ostias.
¡Que calor! El atasco, bocinas, calor, el reloj... faltaban cinco
minutos para la hora y estaba aún a varias manzanas de distancia, lo
bueno es que no me daba tiempo a pensar, a recordarla, a ponerme
nervioso. Estoy aparcando , suena un mensaje en el movil. "Donde
estas? Quiero comer..."
Si, la cita era para comer, yo llevaba el vino y ella ponía mesa y
mantel. Creí perderme en el laberinto de soportales, pero finalmente
escuché su voz a través del portero automático. La puerta se
encontrába entreabierta y unos labios con una sonrisa picarona
dibujada, emergieron de la oscuridad.
Me acerqué. fui a darle dos besos, pero no me dejo. Sus labios me
buscaron y me deje encontrar. Un Kimono cubría su cuerpo, debajo del
mismo, su piel, unas minúsculas zapatillas aprisionaban sus pies, mas
tarde me confesó que eran japonesas. Sabía a tabaco, olía a marisco...
el Martín Codax iría bien.
Entre besos, caricias, abrazos y sonrisas la botella terminó en el
congelador y nosotros dos sobre su cama. Más besos, su lengua se
enrosca con la mía. Mis labios buscan su cuello, su pecho, su vientre.
Noto un respingo cuando mi boca se acerca a su sexo, cuando respiro
sobre él, cuando mi lengua se adelanta acariciandolo. Al besarlo, al
mordisquearlo, al lamerlo, empieza a suspirar y su excitacón no solo
se hace patente en sus suspiros, también en sus movimientos, en su
humedad... ¡Como me gusta! Empuja mi cabeza contra su entrepierna, mis
movimientos se hacen más rápidos y disfruto sintiendo su orgasmo.
Su sensibilidad ha aumentado, me aparta momentaneamente y me atrae
hacia su boca, la deseo. se agacha, ahora es ella la que juega con su
boca, es dulce, es salvaje, sabe como dar placer y lo hace. Estamos de
rodillas sobre su cama, se da la vuelta ofreciendome su espalda, que
beso y recorro con mi lengua, se inclina ella hacía delante y ella
misma me dirige hacia su interior. ¿Por que no pueden durar ciertas
sensaciones eternamente? En cuanto oigo sus jadeos, sus suspiros mi
ritmo se acelera. Tengo que parar, mi sobreexcitación amenaza con
hacerme explotar y no quiero que termine. Me gustan sus pezones,
oscuros, no muy grandes, duros cuando estan entre tus labios.
Vuelve a la carga y en idéntica postura, pero esta vez apunta a su
ano, un pequeño empujón, una mueca y un pequeño gemido de dolor, con
el brazo hacia atrás apoya su mano sobre mi vientre y me indica el
ritmo, sin palabras, sobran... los siguientes minutos son
indescriptibles, no se si fue mucho o poco tiempo, solo tengo una
palabra, intensidad.
Termino sobre su cara. La beso y saboreo mi semen. Ella sabe mejor...
Come recostada sobre su cama, unos espagueti con gambas, el albariño
frío esta rico pero no tanto como sus labios. Recatadamente, se ha
puesto de nuevo el kimono. Conversamos, algo intrascendental, coches,
hombres, su decoración... estar con ella resulta muy agradable.
Las tres, ¡Como pasa el tiempo! De vuelta al trabajo, la ventanilla
del coche abajo, el aire caliente del mediodía entrando y golpeando el
rostro, cara de satisfacción y un único deseo... el deseo de
repetir...